El tema del Plagio en el Renacimiento y la Antigüedad Clásica


Los poetas renacentistas con vocación humanista suelen tener un rasgo en común: el interés por la recuperación e imitación en lengua romance de autores de la antigüedad clásica. No estamos hablando tanto de traducciones fieles como de un proceso de imitación y de emulación (entendidos ambos como un intento de igualar y, si es posible, de superar al original) cuyo objetivo último sería el de fijar y desarrollar las lenguas vernáculas. El trabajo es equivalente a lo que hoy se conoce como Remake: no sólo se reescribe a un autor sino que esto se hace, además, con la doble intención de traer el texto hacia una lengua distinta y de readaptarlo a la realidad histórica del renacimiento -donde, por ejemplo, el paganismo de los múltiples dioses ha dejado su sitio al cristianismo de un único Dios-.

Algunos ejemplos del género de la imitación/emulación en la tradición española: Dentro de la propia lengua latina -sin traducciones de por medio- Jaime Juan Falcó reescribe sátiras horacianas (con un cambio formal: intenta que cada verso empiece y termine con un monosílabo). Hernán Ruiz de Villegas, en su poema Ad Mariannam parafrasea a Horacio con pocas variaciones sobre el original. Existen, por otra parte, otro tipo de imitaciones menos cercanas al original. Baste citar a Arias Montano en sus Monumenta humanae salutis (Amberes, 1571), odas en latín que empiezan con la misma palabra inicial de otras odas horacianas y que luego se desarrollan con temas diversos pero esquemas rítmicos similares:

(Oda VI A.Montano)
Quem tu diva fides virum
Viventem solido pectores finxeris
[...]
Illum non labor improbus.

(Oda IV 3, Horacio)
Quem tu, Melpomene, semel
Nascentem placido lumine videris
Illum non labor Isthmius.


He rescatado estos autores a modo de ejemplo de la introducción de Juan Francisco Alcina a los poemas de Fray Luis de León (Cátedra, 1986). Para quién quiera información completa sobre el asunto baste decir que existe un intento riguroso de clasificación de imitaciones en latín y romance en The Light in Troy. Imitation and Discovery in Renaissance Poetry. (Th. M. Greene).

Fray Luis de León 

Como ejemplo de imitación/emulación ya en lengua romance conviene citar al propio Fray Luis de León y su serie de poemas reunidos bajo el epígrafe Imitaciones. Cojamos por ejemplo Imitación de la Oda IX de Horacio "Non Semper" para mostrar las similitudes con el original latino:


(Versos iniciales de la Imitación)

No siempre descendiendo
la lluvia de las nubes baña el suelo
ni siempre está cubriendo
la tierra el torpe yelo,

(Oda II, 9, Horacio -traducción propia))

No siempre sobre los campos convulsos
cae la lluvia ni sobre el mar caspio soplan
los vientos huracanados de la tempestad,
y no siempre sobre el litoral de Armenia, 
amigo Valgio, se extiende el hielo.



Hay variación pero lo esencial, tema y motivos, se conserva. En Fray Luis de León la imitación no se da sólo en los poemas reunidos bajo el epígrafe Imitaciones. Se puede decir, sin menoscabar el valor de su poesía, que gran parte de su obra toma como referentes muy claros a autores antiguos. El más utilizado es Horacio, que se parafrasea  en prácticamente todos los poemas, pero también Homero (Las serenas, A Felipe Ruiz), Virgilio (en A Francisco de Salinas, Profecía del Tajo, A todos los santos, A Santiago) o Lucrecio (en Noche Serena) entre otros, o filósofos como Cicerón, Séneca o Boecio y, por supuesto, los textos bíblicos. Entre paréntesis he señalado sólo algunos ejemplos de los muchos que podrían señalarse. Por otra parte debe decirse también que para su inspiración Fray Luis se sirve de manera recurrente de poetas más cercanos en el tiempo como Garcilaso o Petrarca -o el maestro Dante.

Puesto que las referencias son más que evidentes en la mayoría de los casos surge una pregunta natural: ¿Un escritor contemporáneo a nuestra época (Siglo XXI) está tan legitimado como Fray Luis a la hora acometer toda clase de apropiaciones, imitaciones y parafraseos? En mi opinión el círculo de lo permitido parece haberse restringido al ámbito del homenaje o la referencia. Cualquier práctica manifiestamente parafraseante en literatura es rápidamente censurada, y lo que otrora se llamó homenaje, ahora se le llama indiscriminadamente plagio. Digo en literatura a raíz de lo que me sugiere la retirada del mercado de la obra de Agustín Fernandez Mallo, El Hacedor (de Borges) Remake; porque en otros ámbitos se aceptan sin tantos problemas este tipo de prácticas (hasta el extremo de existir corrientes artísticas radicales en este sentido, como el Apropiacionismo, -Sherry Levine para quién tenga interés en profundizar).

El problema del plagio y sus límites ha gozado a lo largo de la historia de un interés cambiante. Para finalizar y antes de expresar mi opinión detengámonos un instante en la Roma Imperial, cuyo sistema precapitalista permite esbozar las primeras discusiones acerca del problema de la autoría. El propio verbo plagiar viene del latín Plagiare, cuyo significado es "vender mediante el fraude el esclavo de otro como si fuese el propio". En esa época existió un tímido despuntar de la crítica literaria, y a partir de pequeños comentarios podemos hacernos una idea de la situación del asunto del plagio. Sobre Virgilio, por ejemplo, hay dos referencias contradictorias. Por una parte Macrobio señala en las Saturnales que Virgilio suele tomar prestado a Homero en múltiples ocasiones. Sin embargo la mención no es una acusación. En el caso contrario, Ausonio se expresa en términos completamente opuestos y sí menciona estos préstamos de manera crítica (pero de forma contradictoria tenemos que una de sus composiciones más célebres, el centón nupcial ha sido escrita utilizando exclusivamente versos y frases escritas por Virgilio).

Virgilio sin nariz

Más allá de los tímidos zafarranchos de la crítica literaria romana, encontramos numerosas menciones a los plagios. Quisiera destacar como ejemplo a Marcial y sus Epigramas, donde repetidas veces se lamenta de supuestos plagiadores que han copiado sus libros y los venden como si los hubiesen escrito ellos mismo (por ejemplo: epigrama C, No pretendas competir conmigo; o bien Epigrama LXVII: Contra un plagiario de su libro). Esto parece ser síntoma de una cierta mercantilización de la literatura en aquella época: no sólo se vivía del mecenazgo, sino también de las ventas.

En aquella época por plagio se entendía exactamente esto: la copia literal e indiscriminada y el consiguiente fraude. Sin embargo, se aceptaba el trabajo de paráfrasis incluso de una manera más extrema que la renacentista (tal y como explicita Séneca en la Epístola a Lucilio): se explicitaba la conveniencia de memorizar a los clásicos para utilizarlos en los discursos propios. Aún procediendo así, el discurso se entendía como propio.

De lo dicho anteriormente expreso la siguiente opinión, que perteneciendo al orden de la moral está sujeta a debate:

Puesto que nuestra situación no es la de los poetas renacentistas, sería injustificado defender a ultranza la literalidad de nuestras composiciones en relación con los originales. Tampoco hay tener en consideración aquellas composiciones cuya separación de su referente sea demasiado débil como para otorgarles la autonomía de la firma -independientemente de su calidad-. No pretendo otra cosa que defender la práctica del parafraseo con vocación emuladora y sin notas al pie de página explicativas, de acuerdo con lo que ha sido el leitmotiv de la tradición literaria desde sus inicios hasta nuestros días. Por otra parte creo necesario delimitar el alcance del término plagio y centrarlo en aquellas prácticas que se limiten a la copia literal sin la pretensión de la reelaboración o el trabajo sobre el original.


Víctor Balcells



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