Algunas apreciaciones sobre el
movimiento Asesino. Alhasan Ibn-al-Sabbah fue su fundador. Con un contingente
de soldados conquistó Alamut, una poderosa fortaleza situada a tres mil metros
de altura entre las costas del mar Caspio y las altiplanicies persas. Desde
Alamut el gran maestro y sus discípulos realizaron incursiones rápidas que
permitieron la conquista de otras fortalezas. Expertos en el uso libre y
traidor del puñal, los Asesinos hicieron del asesinato un arte. Agnósticos por
naturaleza, no creían ni en doctrinas ni en profetas, tan sólo obedecían al
gran maestro.
Del escalafón social de los
Asesinos nos interesa el grado inferior, compuesto por los Fidajis, un grupo de hombres dispuestos a ejecutar cualquier orden
que diera el gran maestro. Esta sumisión fanática e irrevocable se lograba
gracias a la hipnosis mediante el uso de hashish.
Marco Polo pasó por Alamut en 1271 o 1272. Se conserva la descripción precisa
de los fastuosos palacios y pabellones de la fortaleza, pero nos interesan tan
sólo las palabras que dedicó al gran jardín que los rodeaba:
A nadie se le
permitía entrar en el Jardín salvo a aquellos que tenían la intención de
transformarse en Ashishinos. Había una fotaleza en la entrada del Jardín lo
bastante poderosa como para resistir a quien llegase, y no había otro camino
para entrar. [El gran maestro] Tenía junto a él, en su Corte, a un número de jóvenes
del país, de doce a veinte años de edad, escogidos entre los que tenían una
predilección especial por la guerra… Entonces los introducía en su Jardín, a
unos cuatro o seis a la vez, tras haberles hecho beber cierta poción que los
sumergía en un sueño profundo y que permitía que se les pudiera coger y
meterlos dentro. Así, cuando despertaban, se encontraban en el Jardín.
Por eso,
cuando se despertaban y se encontraban en un lugar tan encantador, estimaban
que realmente era el Paraíso. Y las damas y cortesanas retozaban con ellos para
solaz de su corazón…
Así, cuando
el Viejo tenía que matar a algún príncipe decía a estos jóvenes: “Id y matad a
tal y tal persona; y cuando volváis mis Ángeles os llevarán al Paraíso. Y si
morís, también entonces enviaré a mis Ángeles para que os devuelvan al
Paraíso”.
Se cree que este es el origen de la palabra hashish, es
decir, hachís, droga derivada del cannabis.
Aún tengo en la boca el sabor
aromático de la hierba. Delicias turcas, pienso, como las del consulado de
Constantinopla. Las fuentes literarias nos hablan de la tradición antiquísima
del cáñamo indio. Algunos exegetas de dudosa rigurosidad trataron de demostrar
la presencia de la Cannabis sativa en
los himnos védicos ("¡Oh Poeta, oh Soma omnisciente, tú eres el océano!") en las
fuentes sánscritas o en Homero. Por los caminos tortuosos de lo alucinógeno que
puede ser el acto creativo, surgen una y otra vez menciones de altura teológica
que nos hablan de esta droga. La han cantado los Ángeles y los Arcángeles; los
tronos, las abominaciones…
Hace un par de meses encontré en
la oscura mansión que habita mi tía Consuelo Balcells un libro titulado El libro de la yerba, publicado por
Anagrama en 1977. Se trata de un florilegio –nunca mejor dicho- de textos de
diversos autores acerca del cáñamo y sus variantes, principalmente la marihuana
y el hachís.
Irrumpí en el comedor de la
mansión con el libro entre las manos; tenía la firme intención de pedírselo en
préstamo a mi tía. Pero cuando me vio con él, me lo arrebató y me dijo que no
podía prestarme un libro que, lógicamente, no le pertenecía de ninguna manera,
como era evidente, parece que no me
conoces, chaval, a mí, tu tía que lleva décadas sumergida en la tunante cruzada
contra el pecado. Eso dijo antes de desaparecer por el pasillo. Se encargó
de esconderlo de tal manera que no pude volver a dar con él en las sucesivas –y
esporádicas- visitas. Sólo gracias a la mediación del mayordomo y chófer de la
casa he podido recuperarlo para escribir una reseña. Consuelo lo había
escondido en el doble fondo de un armario ropero, quién sabe por qué.
La antología corre a cargo de G. Andrews y S. Vinkenoog.
Simon Vinkenoog gozó a lo largo de su vida –murió en 2009- del título
honorífico de “Embajador literario de la marihuana”. Al margen de sus obras
dedicadas al asunto de las drogas blandas, llama la atención un dato: desde 2004,
cuando fue nombrado “Poeta del reino de Holanda”, rechazó cualquier tipo de
publicación en papel y se dedicó exclusivamente a manejar un blog en el que subía
periódicamente sus textos literarios. La página web aún puede visitarse. En la
parte superior izquierda aparece la imagen de una chapa con el lema “Cannabis
Crusaders”. Carezco de información acerca de esta asociación, pero todos los
indicios me permiten suponer que se trata de una sociedad más o menos secreta.
Tampoco me ha sido posible rastrear a G. Andrews, y según los absurdos datos
biográficos que aporta Peter Owen Publishers, todo apunta a que, detrás de este
nombre anodino, se oculta la figura de Allen Ginsberg, reconocido amigo de
Vinkenoog.
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| Simon Vinkenoog al natural |
La primera parte del libro está
dedicada a rastrear las fuentes historiográficas del cáñamo. Como hemos dicho
antes, aquí se reúnen desde textos védicos hasta fragmentos de la Ilíada, así
como toda clase de pasajes que permiten rastrear la presencia del cáñamo desde
la antigüedad hasta el siglo XIX con Baudelaire, Carroll o Nietzsche. Merece la
pena rescatar la aportación referida al filósofo para señalar la falta de
rigurosidad que permea el libro y, por eso mismo, lo hace tan atractivo:
Al parecer, un biógrafo de Nietzsche, Friedrich Würzbach, encontró indicios de que el filósofo había sido un asiduo fumador de hashish. A partir de una carta que le escribe Nietzsche a su amigo Peter Gast, en la que le explica “la profunda impresión” que le ha producido escuchar un concierto de música clásica y en la que le dice que “mi cara hacía muecas constantemente”, el biógrafo deduce que, lógicamente, Nietzsche estaba en ese momento bajo los efectos del hashish. Lo justifica a partir de un pasaje de Ecce Homo: “Cuando alguien quiere liberarse de una presión insoportable, necesita hashish”. Como el lector atento habrá notado, el argumento hace aguas por todas partes. Pero es divertido.
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| Espesura verde |
El compendio está dividido en cinco partes. La segunda reúne textos de autores significativos del siglo XX. Encontramos pasajes de El Lobo Estepario de Hermann Hesse, al ineludible Huxley, a Henri Michaux… y una amplia lista de buenos fragmentos literarios que configuran un apetecible programa de lectura. Argumentos de peso como el propuesto por el novelista escocés Alexander Trocchi ayudan a aclarar, por otra parte, el carácter apologético y feliz de esta antología: “Los expertos afirman que la marihuana no tiene efectos afrodisíacos, y en esto, como en un gran porcentaje de sus juicios, están enteramente equivocados”.
Hay dos partes de las que es
necesario prescindir debido lo anacrónico de sus contenidos: el apartado
dedicado a la legislación y la sección que reúne opiniones médicas. La primera
por ceñirse demasiado al ámbito anglosajón, en concreto al contexto
estadounidense, y la segunda por haber sido ampliamente superada en las últimas
décadas.
Sin embargo, resulta particularmente interesante la sección titulada: Potenciales para aumentar el conocimiento. En ella podemos encontrar textos que ponen en relación el consumo del cannabis con ciertas potencialidades místicas y reveladoras que se le han atribuido. Me interesa porque ofrece una lectura no estrictamente lúdica del uso de la droga. Se propone una función gnoseológica que en ocasiones puede trascender lo multisensorial. No me interesa tanto un posible encuentro con Dios, sino el canal que ofrece para encontrar lo que Deleuze denominó la “visión insoportable”, esa parte de lo real que es inaprensible y sólo se deja señalar tímidamente, el sonido de la seda rasgada en medio de la noche. En este compendio se explora un ámbito que, por su naturaleza, debe interesarnos:
Sin embargo, resulta particularmente interesante la sección titulada: Potenciales para aumentar el conocimiento. En ella podemos encontrar textos que ponen en relación el consumo del cannabis con ciertas potencialidades místicas y reveladoras que se le han atribuido. Me interesa porque ofrece una lectura no estrictamente lúdica del uso de la droga. Se propone una función gnoseológica que en ocasiones puede trascender lo multisensorial. No me interesa tanto un posible encuentro con Dios, sino el canal que ofrece para encontrar lo que Deleuze denominó la “visión insoportable”, esa parte de lo real que es inaprensible y sólo se deja señalar tímidamente, el sonido de la seda rasgada en medio de la noche. En este compendio se explora un ámbito que, por su naturaleza, debe interesarnos:
“Este lugar que está rodeado de
contradicciones coincidentes no es otro que el muro del paraíso, a la puerta
del cual el más alto espíritu de la razón se mantiene en vigilancia, a quien
hay que forzar si se quiere entrar”, dijo Nicolás de Cusa. No me parece otro el
cometido del escritor, ya sea a través de la fumarola o sin ella.
Víctor Balcells




Confieso que me has tenido un cuarto de hora contrastando en google los hechos, los personajes y las historias que cuestas aquí. Y es una pena, porque todo es real. He encontrado, incluso, a tu tía Consuelo, pero debe ser ya muy mayor, porque aparece nombrada en una esquela de La Vanguardia del año 1920 como viuda de D. Enrique Wiechers y Díaz Quijano (Quijano!!). http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1920/04/13/pagina-2/33298991/pdf.html
ResponderEliminarEstupenda entrada. La he disfrutado de lo lindo
Disculpa la tardanza en contestar. Estaba de viaje. Tu comentario me ha dejado francamente sorprendido. Es el colofón perfecto para esta entrada. No puedo revelarte si la Consuelo Balcells que menciono es la misma que has encontrado, pero sí puedo celebrar la extraordinaria pesquisa que has llevado a cabo. Un placer tenerte como lector -y como autor cuando soy yo el que te lee-.
ResponderEliminarAbrazos
En realidad llegué por aquí -¿serendipia?- porque también estaba justamente hoy rastreando al señor George Andrews.
ResponderEliminarEn verdad quedé gratamente impresionado por la parte que le correspondió (Rodando Interminablemente ¿?) en El Libro de la Yerba. Estaba tratando de localizar otros textos de su firma y conocer un poco más quién era ese señor.
Me gustó también lo de Leary: Política de Expansión del Conocimiento. Otro visionario que se adelantó a los tiempos.
Y el tercero ha sido: Henri Michaux.
(No tenía idea de Simon... 'genial' la foto...)
Cordial saludo.
Por cierto me conseguí este link de G. C Andrews.
ResponderEliminarhttp://www.fantompowa.net/Flame/andrews_bibliography.htm
Hay una referencia a El Libro de la Yerba y otros libros editados al lado de D. Salomón (¿el editor de Allen?
Pero no creo que Andrews y Ginsberg sean la misma persona puesto que hay un libro editado por Andrews en el año 2000 y Allen murió en 1997.
Gracias por la información adicional amigo, y por la recomendación de Leary y Michaux. Sin duda la conjetura que igualaba a Andrews y Ginsberg pierde fuerza con el dato que aportas (era demasiado maravilloso para ser cierto).
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